Ulrich Horstmann y la “voluntad” de un final total

Hay autores que escriben contra algo; Ulrich Horstmann escribe contra el “nosotros”. Su gesto no es simplemente pesimista ni meramente provocador: consiste en romper la lealtad de especie y desplazar la filosofía fuera del humanismo, hacia una perspectiva que él mismo conceptualiza como anthropofugal (humana solo en el hecho de que la piensa un humano, pero dirigida a imaginar el mundo sin humanos).

En esa clave, Das Untier (La bestia / El no-humano, en traducción libre) no se limita a describir la posibilidad de un colapso: abre con una afirmación que, leída literalmente, funciona como programa. Detrás de debates políticos, discursos pacifistas y coreografías públicas, Horstmann postula un consenso subterráneo: “daß wir ein Ende machen müssen mit uns und unseresgleichen … ohne Pardon, ohne Skrupel und ohne Überlebende” (Horstmann, 1983: 7). El núcleo no es “temo la catástrofe”, sino “es preciso acabar”; y no “que quede alguien”, sino “sin supervivientes”.

1) La catástrofe como horizonte deseado (no como accidente)

La forma más directa de entrar en Horstmann es aceptar que, en su sintaxis, la historia humana no aparece como progreso, sino como acumulación de violencia sostenida por una expectativa final. En el arranque de Das Untier lo formula con crudeza: lo que llamamos “Weltgeschichte” se sostiene por “die Hoffnung auf die Katastrophe, den Untergang, das Auslöschen der Spuren” (Horstmann, 1983: 7). No es un apocalipsis religioso ni un castigo moral: es un cierre contable; un “Schlußstrich” que pone fin a la “atemlose Aufrechnung” del sufrimiento que se reproduce (Horstmann, 1983: 7).

Aquí aparece una idea decisiva: la violencia no sería un fallo del sistema, sino su teleología. La serie “Gemetzel um Gemetzel … Weltkrieg um Weltkrieg” conduce “unaufhaltsam jenem letzten Massaker, jenem globalen Harmageddon” (Horstmann, 1983: 7). El final no es algo que podría ocurrir: es lo que da sentido a la continuidad insoportable de lo humano, porque promete clausura.

2) Antropofugalismo: pensar el “fin del hombre” como tarea filosófica

En Das Untier Horstmann define su gesto como un pleito por otra filosofía: no una filosofía “para perfeccionar” al humano, sino para pensar su término. La fórmula es nítida: se trata de una reflexión que “nicht … den Menschen zu Ende, sondern ganz elementar das Ende des Menschen denkt” (Horstmann, 1983: 8). El movimiento consiste en tomar distancia, cortar el mandato de simpatía con la especie y adoptar un punto de vista “unparteiisch”, incluso “illusionszerstörend” (Horstmann, 1983: 8).

Si esta salida del humanismo suele leerse como metáfora o hipérbole, el propio Horstmann insiste en un clima de época que la vuelve material: vivimos en “Endzeit”, en un “Präapokalyptikum”, en una fase de “möglicher Selbstauslöschung” (Horstmann, 1991: 19–20). Es decir: la autodestrucción ya no es un mito, sino una capacidad técnica instalada en el presente.

3) “En los silos anida el mal”: nuclearidad, balística y paz como cementerio

El punto donde la lectura literal se vuelve más “nuclear” (en el sentido exacto, no metafórico) aparece con especial fuerza en Ansichten vom Großen Umsonst. Horstmann escribe: “In den Silos nistet das Unheil, das allem Unheil ein Ende bereitet” (Horstmann, 1991: 20). No hay que forzar la imagen: el silo remite al dispositivo de misiles estratégicos; y el “mal” es presentado como aquello que pone fin a todo mal. La estructura es la misma de Das Untier: la destrucción total funciona como solución final al problema de la historia.

La continuación refuerza la materialidad técnico-militar: los “ultimativen Höhenflüge” (los vuelos “últimos”) serán “seelenlos” y seguirán “den ballistischen Kurven jener Waffen, mit denen der Krieg uns und sich selbst auslöscht” (Horstmann, 1991: 20). El cierre no está en manos de un dios ni de un destino abstracto, sino de trayectorias balísticas. Y entonces la paz perpetua —aquí Horstmann injerta explícitamente a Kant— se “cierra” sobre “dem großen Kirchhofe der Menschengattung” (Horstmann, 1991: 20). Traducido a términos conceptuales: la “paz” no es un logro moral, sino el estado geológico posterior al exterminio.

En esta perspectiva, la catástrofe nuclear no es un “riesgo”, sino el dispositivo que permite realizar lo que él llama la restauración del “Urzustand der Menschenleere”: el estado primordial de ausencia de humanos (Horstmann, 1991: 19–20).

4) El Horstmann “radical”: thermonuclearidad y maximización de la capacidad destructiva

Si el lector quiere el Horstmann más explícitamente “duro” en la conexión entre pensamiento antropofugal y aniquilación nuclear, una formulación concentrada aparece en el análisis de Frank Müller, que describe el sentido de la “hard line” apocalíptica horstmanniana. Müller sintetiza así el núcleo: no se trata de “adormecerse” hacia el fin, sino de llevar el “apokalyptischen Streich gegen sich und die Gattung … unter Aufbietung aller Mittel” (Müller, 2004: 152). En esta lógica, “auch der letzte, der thermonukleare Kreuzzug” requiere “gründlichster Planung und Vorbereitung” (Müller, 2004: 152).

Müller añade un punto clave para la lectura literal que usted solicita: según esa reconstrucción, lo reprobable no sería el arsenal existente, sino no usarlo; dejar “die vorhandenen Potenziale – das große ABC der Massenvernichtung – ungenutzt” (Müller, 2004: 152). La imagen es inequívoca: el potencial nuclear (y afines) aparece como el alfabeto de una destrucción de masas que, en vez de ser moralmente repudiada, se presenta como capacidad disponible para ejecutar el cierre.

Y la escena final, por decirlo así, no sería un estallido improvisado, sino un desplazamiento hacia una aceptación general: incluso los más reacios acabarían entregándose a “jenem sanften Transport in die Vernichtung, die aller Not ein Ende bereitet” (Müller, 2004: 152). Esto coincide con el tono de Das Untier, donde el final se imagina como una salida “tan pronto y tan a fondo como sea posible”, “sin supervivientes” (Horstmann, 1983: 7).

5) ¿Qué está haciendo Horstmann cuando “quiere” el fin?

Leído literalmente, Horstmann quiere el fin: lo formula como necesidad (“wir … müssen … ein Ende machen”), lo carga de deseo (“Hoffnung auf die Katastrophe”) y lo fija como telos (“Schlußstrich”) (Horstmann, 1983: 7). Sin embargo, incluso en lectura literal conviene precisar qué tipo de “voluntad” es:

  1. Voluntad de cierre: no es sadismo por la destrucción, sino una lógica de clausura ante una historia entendida como repetición de crueldad (Horstmann, 1983: 7).
  2. Voluntad de deshumanización filosófica: el gesto antropofugal no busca “mejorar al hombre”, sino desalojarlo como centro y pensar su desaparición como posibilidad real (Horstmann, 1983: 8).
  3. Voluntad tecnopolítica: el fin no es mito; está “en los silos”, en curvas balísticas, en arsenales que hacen verosímil la “Selbstauslöschung” (Horstmann, 1991: 19–20).
  4. Voluntad de coherencia extrema: si la especie es estructuralmente destructiva, el desenlace coherente es la autonegación total; de ahí el énfasis en el “sin supervivientes” (Horstmann, 1983: 7).

Dicho con una fórmula que recorre sus textos: la “solución” al problema humano sería que lo humano deje de estar. Y en el siglo XX tardío (y su sombra posterior), el medio técnico que hace imaginable esa solución —y la vuelve pensable como “proyecto”— es el horizonte nuclear: silos, misiles, planificación, “termnuclere” como culminación (Horstmann, 1991: 20; Müller, 2004: 152).


Referencias

Horstmann, U. (1983). Das Untier: Konturen einer Philosophie der Menschenflucht. Berlin: Medusa.

Horstmann, U. (1991). Ansichten vom Großen Umsonst: Essays. Gütersloh: Gütersloher Verlagshaus Gerd Mohn.

Müller, F. (2004). Der Weltuntergang findet nicht statt: Strategien apokalyptischer Simulation im Werk Ulrich Horstmanns. Fantasia. Magazin für Phantastik, (172/173), 151–176

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *